La buena noticia es que las normas están cambiando. Cada vez más mujeres son conscientes del espacio que se permiten —o no se permiten— ocupar. Cruzar las piernas por elección, por comodidad, por costumbre: ¿por qué no? Pero hacerlo por presión social o miedo al juicio ajeno, eso es otra historia.
Comprender el origen de nuestras acciones es ya una forma de recuperarlas por completo para nosotros mismos.
En definitiva, el verdadero lujo consiste en poder sentarse exactamente como uno quiera.